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Chicharras


Así las llamaba mi padre, y yo siempre le corregía, insistiendo en que su nombre correcto era cigarras. Hace dos años que no puedo volver a corregirle.
Hoy me he acordado de él, paseando por mi calle, al oir el estruendoso canto de una "chicharra" en una falsa acacia. Canto entonado para atraer a las hembras. Los efectos del calor y del verano. Efectos que puedo notar en mi propio organismo. Siempre me he identificado más con la cigarra que con la hormiga...

Canto que me trae recuerdos de días y noches calurosos del verano manchego. De largos, eternos veranos de infancia, vacaciones interminables de tres meses, recorriendo los caminos con la bici, pescando renacuajos en la "fuentecilla" (ahora seca y enterrada), cazando grillos en las noches de luna llena. Otra noche recordaré el canto de los grillos...

Golondrinas intemporales







Es por la mañana temprano, y una niña va por una calle solitaria de un pueblo manchego. Distraida, caminando perezosamente en dirección a la escuela, levanta la vista y ve a un pájaro en un alambre de la electricidad. Es oscuro, de un negro azulado, la cara rojiza y con la pechera blanca. Instantáneamente lo asocia con el protagonista de un cuento que terminó de leer la noche anterior, titulado "El Principe feliz". Ah, es la golondrina que se sacrifica por el principe y muere en mitad del invierno... piensa con una sonrisa, y al segundo se queda seria y pensativa.

Es temprano por la mañana y una joven abre la puerta de madera de su casa del campo y al salir ve en el porche una aglomeración de barro sobre la que asoma una cabeza negra con un pequeño pico triangular. La joven sonríe pensando "ya han vuelto...".

Está amaneciendo en la gran ciudad a comienzos del verano. La mujer vuelve a su piso en un tranquilo barrio rodeado de parques y con avenidas surcadas por árboles, después de pasar la noche en una fiesta. Un alegre piar le llama la atención y le saca de sus meditaciones. Alza la cabeza, sabiendo que verá una silueta triangular, oscura y afilada dando vueltas alrededor de la copa del árbol que hay junto a su ventana.

Primavera


Primavera de hace más de 20 años. Por la mañana temprano. Una niña sale de una casa encalada de blanco, en mitad del campo, y comienza a caminar por el camino de arena, bajo el sol recién salido, y en la linde halla una mariposa nocturna, negra y rojo oscuro, medio adormecida, agotada por una larga noche; la niña coge la mariposa, la observa detenidamente en la palma de la mano, temblando ligeramente bajo el sol mañanero, siente el suave polvillo de sus alas; olfatea el aire cargado de aromas, de promesas, cargado de futuro, de esperanzas, transcurre un minuto eterno; la mariposa sigue en la mano, pero ya no se mueve; la niña deja de sonreir; deposita la polilla en la linde del camino y se dirige hacia la escuela, caminando despacio, el ceño fruncido, consciente por primera vez de que todo tiene un final…