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Chicharras


Así las llamaba mi padre, y yo siempre le corregía, insistiendo en que su nombre correcto era cigarras. Hace dos años que no puedo volver a corregirle.
Hoy me he acordado de él, paseando por mi calle, al oir el estruendoso canto de una "chicharra" en una falsa acacia. Canto entonado para atraer a las hembras. Los efectos del calor y del verano. Efectos que puedo notar en mi propio organismo. Siempre me he identificado más con la cigarra que con la hormiga...

Canto que me trae recuerdos de días y noches calurosos del verano manchego. De largos, eternos veranos de infancia, vacaciones interminables de tres meses, recorriendo los caminos con la bici, pescando renacuajos en la "fuentecilla" (ahora seca y enterrada), cazando grillos en las noches de luna llena. Otra noche recordaré el canto de los grillos...

Flores amarillas


Paro el coche con cuidado a una distancia prudencial de la puerta metálica verde. Salgo. Y me asalta el olor a hierba y a campo y a flores amarillas, como una caricia demasiado fuerte… me quedo paralizada unos segundos, incrédula, como si captara aquel aroma por primera vez, o como si lo descubriera por primera vez después de un largo exilio. A mi espalda la puerta de mi coche nuevo permanece abierta. A mi derecha la casa blanca y vieja, con la cal hecha jirones, permanece como hace 30 años. Yo vuelvo a tener 7.
Respiro hondo varias veces, la mente en blanco, los pulmones llenos de campo.